miércoles, 27 de julio de 2011

Parecía primero un imposible, luego un sueño, y cuando por fin fue una realidad, no quise buscar razones para comprender por qué. Casi sin pensarlo se hizo de verdad, y paso a paso construyendo lo que mañana será el camino más firme que hayamos escogido.
Y vivir en un sin vivir era preguntar todos los días si algún día llegaría o si sencillamente no era para mí. Abusar de la arrogancia culpando a lo humano, pretenciosa en un intento que juzgar a lo divino. No sirvió entonces la soberbia y me despierto en una oscuridad de orgullo arrepentido.
Y todo porque a pesar del dolor de ayer, a pesar de haber juzgado, de la reberlión y el ejército de esperanzas perdidas, a pesar del vacío y el abismo, encontré el camino que con una mirada me dio la luz en medio de las tinieblas, para mostrarme que mereció la pena seguir caminando, solo por la curiosidad de qué pasará.
Con una sola mirada cambió mi mundo.

martes, 18 de enero de 2011

Se me sale el alma en los suspiros que suspiro. Se enredan mis bostezos con la niebla que lo cubre todo. Se planta el sol en mi ventana, poniéndose el mundo por montera y cabalgando a lomos de mis sueños.

Y el destino, en su infinita sabiduría, lo pone en mi camino, para demostrarme que no hay dos sin tres. Que no hay noche sin luna, aunque no se vea. Aunque esté escondida, por miedo a que la vean, a que miren en su interior.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Maniobras de escapismo.

Me desperté con una sensación extraña esta mañana. Con un nudo en el estómago. Navajas en la garganta. Con un clavo en el corazón.
Angustiada al no tener muy claro si es un fracaso, o si sencillamente, llega un momento en la vida, en que nos damos cuenta de que debemos tirar la toalla. Casi dormí, pensando en cómo de grave sería. En cómo de cobardes nos volvemos al rendirnos, sabedores de que no hay luces al final de los pasillos. De que no hay últimos suspiros. De que no hay nada más.

Me negué siempre a perecer de rodillas; no había conocido el dolor. El que nos hace fuertes, pero que tarde o temprano nos plantea la derrota, o en el mejor de los casos, la retirada.

La belleza de la verdad, es que soy transparente cuando escribo. La verdad de la belleza, está dentro de mí, cuando te amo con el alma, te deseo con el corazón, y te hablo con la razón.

Todo reducido a las cenizas de un cigarro matinal.

Retirada silenciosa.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Frío.

Como una canción de acordes tristes. Nos hace llorar y amar sin remedio. Sin poder mirarnos en el espejo, sin dar tiempo para nosotros. Ya no tratamos al egoísmo de tú a tú, porque no va con nosotros. Porque no sabemos hacerlo. Que conste, su señoría, que lo hemos intentado. Nos hemos revolcado en el barro más oscuro, intentando mancharnos la piel.
Definitivamente no sabemos.

Es una melodía de piano desafinado, un golpe de suerte desacertado, una lágrima sostenida.
Una caricia en fa menor.
Una conexión, y un dolor intenso del que nunca llegaremos a hablar del todo.

En la escena del crimen, un cigarro consumido por el tiempo que estuvimos sin mirar. Una vela apagada. Nos ha calado el frío, hasta los huesos. Nos devora este invierno. Nos hiela el corazón.

Somos una luz a la entrada del callejón. Escribiendo con tinta dorada las estrofas de la canción que no veremos terminada.

Entretienes el tiempo caminando en círculos. Rodeando tus sospechas. Haciendo un cerco a todas las desdichas de tu cabeza. las voces que oyes se vuelven susurros molestos para tus oídos. Quieres, deseas, anhelas la felicidad. La tienes a tu lado, la conservas, la pierdes, se aleja. Tienes miedo. De ser feliz.

domingo, 28 de noviembre de 2010

El sol nuestro de cada día

Tendemos a pensar que la suerte no nos sonríe demasiado en los últimos acontecimientos. Y quizá no es justo. Tal vez somos nosotros quienes no sabemos leer entre lineas. Nosotros quienes no leímos la letra pequeña. Se colocan los hechos al antojo de los sentimientos. Alrededor de una órbita emocional que a su vez gira entorno al sol que calienta los días de este invierno.

Quizá tenemos miedo. De la lejanía. O de la soledad tal vez. O puede que tengamos miedo de explicar cómo de grande es el miedo a perder aquello que cuidamos como lo más hermoso que nos nace. Lo más tierno que hay ahí en lo profundo, y que nos lleva a regalar lo mejor que guardamos para las ocasiones especiales. Nuestra mejor sonrisa, nuestro mejor abrazo, nuestra mejor mirada.
El más hermoso y grande de los amores. Célebre por ser el primero, triste por ser el imposible.
Lo guardaremos en el saco de los recuerdos de la vida. Mitad en los recuerdos hermosos, mitad en los recuerdos tristes.
Y se nos desgarra el alma sabiendo que tenemos que irnos, y abandonar esta órbita. Este sol. Y nos duelen las sonrisas, nos cuesta respirar.
Pero seguimos respirando. Por el sol que no salió.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Comando no válido

Nos hemos dado cuenta. Somos desconocidos. Desconocidos en una órbita conjunta, anexo de una vida anterior. Que se van alejando dejando un rastro estelar tras de sí. Quizá mañana nos volvamos a conocer después de un breve letargo en el que nos hemos visto tan lejos. En el que nos tuvimos tan cerca. Tan cerca a través del cristal de lo imposible. Y viajamos a una órbita vecina con todos nuestro bártulos a cuestas, intentanto no estar tristes. No llorar. Porque seguramente mañana nos volveremos a conocer. Volveremos a ser cómplices. Seguramente.

Pero hoy no. Hoy duele.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Los libros que no terminamos de leer

Queremos ser una coma en mitad de una frase descompuesta. Antes de volvernos una página en blanco, un libro por escribir, páginas y páginas de letras que no comprendemos. Nos matan despacio las agujas del reloj, cuestionándonos cada movimiento.

Llega la hora de cambiarnos la piel. De parpadear sin dejar asomar una gota salada de tristeza. Esta noche oscura nos abriga con sábanas de seda blanca. Rasgándonos la ropa. Arrasando con el alma del niño interior que pierde la inocencia, en un mar de naufragios. De amores rotos. De conexiones humanas, atravesadas sin piedad por quien empuña el arco de las intenciones.

Me abrazo al sol ardiente, rogando que no desaparezca, que no me deje sola con la madrugada fría. Sin una palabra que me acompañe, sin una puerta a la que llamar, sin un abrazo solidario esta noche.